
En la mayoría de las culturas, las brujas, hechiceros, médicos brujos y otras personas que poseen la facultad de lanzar hechizos mágicos, pueden hacerlo de una manera beneficiosa o perjudicial hacía un tercero. Los hechizos son emitidos para satisfacer las necesidades de un individuo o un grupo de personas. Los amarres pueden ser emitidos por un individuo o un grupo, como una bruja solitaria o un conjunto de brujas.
El código de ética establecido en el Wiccan Reed prohíbe la realización de maldiciones por medio de brujería. También dentro de este grupo, existe una división sobre la aceptabilidad de obligar a terceros por medio de hechizos.
En general las palabras utilizadas para la realización de un conjuro para lanzar un hechizo son espontáneas y poco a poco se integran para servir al propósito que se busca. La búsqueda de palabras que riman unidas en versos ayudan a crear ritmo en el amarre y eso aumenta el fluido de energía. Si bien muchos hechizos y encantos eficaces se pueden encontrar en libros sobre brujería y magia popular, la mayoría de los brujos y magos creen que los más poderosos son los que se realizan con trabajo desde el corazón. Ellos saben bien que la simple recitación de un amarre o encanto no siempre es suficiente para emitir correctamente un hechizo.
Sumándose a estos pensamientos, muchos hechiceros creen que las palabras del hechizo no son tan importantes como sus intenciones. Esto supone que durante la ceremonia mágica, el foco de una intensa concentración debe ser el momento en que se alcanza el objetivo planteado, visualizar ese ideal y creer plenamente que será conseguido. Cuando la energía psíquica ha llegó a su nivel más alto, es liberada y dirigida hacia el objetivo. Una limpieza psíquica concluye el ritual, así se cierra el hechizo, esto es para desterrar cualquier resto de energía psíquica. Se les debe agradecer a las deidades y fuerzas de los elementos que se invocaron como cierre final del amarre.